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La clase siempre sale

La clase siempre sale

Partiendo del modelo MBTI, tarde o temprano y sobre todo en momentos de estrés, nuestras tendencias naturales siempre emergen.

El modelo del MBTI parte de la Teoría de Tipos Psicológicos de Carl Jung. En ella se determina que las diferencias de personalidad de las personas son inherentes, es decir tan genéticas como el color de cabello, la estatura o el timbre de voz. Muchos han planteado que la personalidad depende también del entorno y que adjudicar a la tendencia nata el papel primario y absoluto es un error. La Teoría de Tipos de Jung sin embargo establece algo que personalmente considero valioso: nacemos de una determinada manera, con una determinada carga o tendencia y esta tipología se mantiene de por vida. Sin embargo a través de la vida no nos queda otra sino integrar nuestras no preferencias a nuestra personalidad. Es lo que se llama madurar y convertirnos en seres mucho más completos, balanceados y desarrollados. En otras palabras somos diamantes en bruto y la vida, si aprendemos sus lecciones, se encarga de pulirnos.

Según el MBTI esa maduración comienza aproximadamente a partir de los 25 años. Ya como jóvenes adultos, iniciamos nuestro proyecto y trayecto de vida. Para esa edad la mayoría ya ha elegido carrera o profesión. La misma, si ha sido bien escogida, hace uso de nuestras preferencias natas: tiendo a migrar hacia ocupaciones donde mis preferencias y fortalezas son necesarias y recompensa- das. Por ende me siento bien con lo que hago, lo hago a menudo y cada vez lo hago mejor… Pero por más ideal que sea mi trabajo o vida suceden situaciones que requieren de la utilización de preferencias que no me son naturales. No me queda entonces otra que poco a poco, con paciencia y esfuerzo, ir desarrollando esas habilidades que me dan balance.

Así por ejemplo si de manera nata soy dado a la acción, a energizarme al interactuar con otras personas y situaciones externas, tengo a veces que frenar mi tendencia de hablar, aprender a escuchar y ser más reflexivo. Si soy realista, concreto, detallista y pragmático, a veces tengo que actuar sin tener todas las variables medidas, confiando más en mi intuición y tratando de ver el macro de la situación. Si soy lógico, objetivo y racional a veces la situación exige que sea empático, me coloque en los zapatos del otro y evalúe el impacto que mi decisión puede tener sobre los demás. Por último si soy una persona estructurada, planificada y controlada tengo a veces que bajar la guardia, soltar y aceptar que lo único constante es el cambio y que muchas veces las cosas no salen de acuerdo al plan!

Hay momentos en que la vida nos presenta oportunidades de practicar esas no preferencias e integrarlas a nuestra personalidad. Las crisis suelen ser un claro ejemplo. Y sin ir tan lejos, los momentos en los que en el trabajo se nos pide hacer cosas con las que no nos sentimos cómodos y a gusto: un plan estratégico, una tarea repetitiva, abundantes apariciones sociales, control y seguimiento, hablar en público, nuevas ideas, limar asperezas, organizar la fiesta de navidad…. Para cada uno de nosotros algunas son naturales y fáciles. Otras más dificultosas y quizás hasta desagradables.

Esa es la manera en que salimos de nuestra zona de confort, aprendemos y sí practicamos con constancia cada vez lo hacemos mejor. Y puede hasta llegar el momento en que lo hagamos tan bien que ya casi pasa a ser natural en nosotros. Eso es aprender y crecer: por eso se dice que más sabe el diablo por viejo que por diablo. El aprendizaje de vida debe convertirnos en seres más balanceados, integrados y efectivos.

Pero por más que aprendamos nunca dejaremos de lado nuestro ADN personal: hasta al más desarrollado de los seres se le sale la clase! Lo constato en mí misma y en las personas con las cuales he trabajado. En un momento de estrés cuando el comportamiento es más visceral y auténtico las preferencias suelen salir a flote…. Se manifiesta por ejemplo cuando hablamos y hablamos más de la cuenta, interrumpiendo al otro, o cuando perdemos de vista el proyecto en su globalidad y nos enfrascamos a cuestionar una cifra específica o hasta una coma en el reporte, o cuando decimos las cosas frontalmente porque pensamos que si decimos la verdad en voz baja o disfrazada la misma perdería su valor pedagógico, o cuando por cerrar una situación y plegarnos al plan original cerra- mos los ojos ante realidades que nos apuntan a un cambio de dirección y objetivos…

La clase siempre sale o como dice Wayne Dyer: “Somos como naranjas: cuando la vida nos exprime, se nos sale el jugo!

Gabriela Schauman es consultora calificada en Myers Briggs Type Indicador® y fundadora de MBTI de Venezuela y Tipología Personal. gschauman@tipologíapersonal.com @tipologiambti
Derechos reservados Prohibida la reproducción parcial o total sin permiso previo del autor

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